Versículos de la Biblia por tema / Hablar
Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
Sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no», para que no sean condenados.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
Tú, en cambio, predica lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor.
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.
Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.
Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.
Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
Los chismes son deliciosos manjares; penetran hasta lo más íntimo del ser.
Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.
Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.
Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de la lengua engañosa.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Y dijo Dios: «¡Que haya luz!». Y la luz llegó a existir.
La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas.
Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados!
Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.
Y, cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Solo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.
Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.
El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia.
Tal vez te preguntes: «¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?». Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas.
Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.
Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito.
En mi angustia invoqué al Señor; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.