Versículos de la Biblia por tema / Hablar
Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas.
En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de la lengua engañosa.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado.
No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Y, cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Solo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.
Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor.
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.
Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.
La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.
Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.
Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.
Que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.
El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Y dijo Dios: «¡Que haya luz!». Y la luz llegó a existir.
Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.
Sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no», para que no sean condenados.
¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!
¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados!
Den gracias al Señor, invoquen su nombre; den a conocer sus obras entre las naciones.
Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
Así que todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se dará a conocer a plena luz, y lo que han susurrado a puerta cerrada se proclamará desde las azoteas.
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”
Si alguien se cree religioso, pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada.
Los chismes son deliciosos manjares; penetran hasta lo más íntimo del ser.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará.
Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.