Versículos de la Biblia por tema / Hablar
Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará.
Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Tal vez te preguntes: «¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?». Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas.
Así que todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se dará a conocer a plena luz, y lo que han susurrado a puerta cerrada se proclamará desde las azoteas.
Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano.
Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.
El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio.
Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca.
Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de la lengua engañosa.
La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor.
Tú, en cambio, predica lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.
Los chismes son deliciosos manjares; penetran hasta lo más íntimo del ser.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.