Interpretación de la Biblia / Isaías 6:8
Isaías 6:8 es el llamado de Dios a uno de Sus siervos para que se ofrezca como mensajero. Al ver a Dios sentado en el trono celestial, Isaías se sintió abrumado por su propia maldad, pero entonces escuchó la voz de Dios que le preguntaba quién aceptaría llevar Su mensaje al mundo.
Isaías respondió rápidamente: "Aquí estoy. ¡Envíame a mí!". Este versículo es poderoso en su simplicidad y ofrece varias ideas sobre cómo podemos responder al llamado de Dios en nuestras vidas.
Dios nos llama a ser Sus mensajeros
Una de las lecciones más importantes que podemos aprender de Isaías 6:8 es que Dios nos llama a todos a ser Sus mensajeros. Si bien no todos poseemos habilidades proféticas como las de Isaías, cada uno puede desempeñar un papel en la misión de Dios.
Seamos líderes de la iglesia, trabajadores sociales, maestros de escuela dominical, padres o simplemente feligreses, todos podemos llevar el mensaje de Dios a nuestro mundo.
Aceptar el llamado de Dios no siempre es fácil
Desafortunadamente, aceptar el llamado de Dios no siempre es fácil, especialmente si nos sentimos incapaces de hacerlo. Isaías estaba abrumado por su propia impureza y necesitaba purificación antes de poder aceptar el llamado de Dios.
De igual manera, muchos nos sentimos abrumados por nuestras propias deficiencias e imperfecciones. Sin embargo, Dios nos ama tal como somos y nos proveerá de todo lo necesario para Su obra.
La importancia de la obediencia
Isaías respondió al llamado de Dios con las palabras: "Envíame a mí". Su respuesta demuestra la importancia de obedecer la voluntad de Dios. Cuando Dios nos llama, no debemos resistirnos ni poner excusas, sino estar dispuestos a dedicarnos voluntariamente a Su obra. La obediencia no siempre es fácil, pero si queremos ser fieles siervos de Dios, debemos estar dispuestos a hacer Su voluntad.