Versículos de la Biblia por tema / Hablar
Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.
En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”
Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.
La gente chismosa revela los secretos; la gente confiable es discreta.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
En aquel día dirán: «Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre.»
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.
Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.
Y, cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Solo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.
Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados!
Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
Que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.
Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor.
Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
Tal vez te preguntes: «¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?». Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas.
La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.
El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia.
Tú, en cambio, predica lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.
No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca.
Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas.
Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.
Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará.
Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
Así que todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se dará a conocer a plena luz, y lo que han susurrado a puerta cerrada se proclamará desde las azoteas.
El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre; den a conocer sus obras entre las naciones.
Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.
El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.