Versículos de la Biblia por tema / Hablar
¡Levanta la voz por los que no tienen voz! ¡Defiende los derechos de los desposeídos!
Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.
Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.
La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
Caí al suelo y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”
Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de la lengua engañosa.
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
Tal vez te preguntes: «¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?». Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas.
Sobre todo, hermanos míos, no juren ni por el cielo ni por la tierra ni por ninguna otra cosa. Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no», para que no sean condenados.
Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.
Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.
Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
Los labios del justo destilan bondad; de la boca del malvado brota perversidad.
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.
Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
En aquel día dirán: «Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre.»
El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad.
Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!
El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio.
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.
El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia.
Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
Los chismes son deliciosos manjares; penetran hasta lo más íntimo del ser.
No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor.
La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.
En mi angustia invoqué al Señor; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!
Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.
Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas.
Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego.
Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.
Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.
Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.