Versículos de la Biblia por tema / Hablar
Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.
Si tu hermano peca, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.
Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas.
Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado.
El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad.
De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.
En mi angustia invoqué al Señor; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!
Tú, en cambio, predica lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
Y, cuando los arresten y los sometan a juicio, no se preocupen de antemano por lo que van a decir. Solo declaren lo que se les dé a decir en ese momento, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo.
Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.
Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse solo en palabras lleva a la pobreza.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.
Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
¡Levanta la voz, y hazles justicia! ¡Defiende a los pobres y necesitados!
El justo se ve coronado de bendiciones, pero la boca del malvado encubre violencia.
Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito.
Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
Y dijo Dios: «¡Que haya luz!». Y la luz llegó a existir.
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.
La gente chismosa revela los secretos; la gente confiable es discreta.
Así que todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad se dará a conocer a plena luz, y lo que han susurrado a puerta cerrada se proclamará desde las azoteas.
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.
Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.
Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.
En aquel día dirán: «Alaben al Señor, invoquen su nombre; den a conocer entre los pueblos sus obras; proclamen la grandeza de su nombre.»
Les aseguro que, si tienen fe y no dudan —les respondió Jesús—, no solo harán lo que he hecho con la higuera, sino que podrán decirle a este monte: “¡Quítate de ahí y tírate al mar!”, y así se hará.
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.
La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu.
Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.
Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.
Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.
Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
Tal vez te preguntes: «¿Cómo podré reconocer un mensaje que no provenga del Señor?». Si lo que el profeta proclame en nombre del Señor no se cumple ni se realiza, será señal de que su mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habrá hablado con presunción. No le temas.
Los chismes son deliciosos manjares; penetran hasta lo más íntimo del ser.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.