Versículos de la Biblia por tema / Dios
Señor, tú eres mi Dios; te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas. Desde tiempos antiguos tus planes son fieles y seguros.
Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.
Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.
Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; mi refugio está en Dios.
Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.
Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Recurran al Señor y a su fuerza; busquen siempre su rostro.
Esta es la palabra del Señor para Zorobabel: “No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor de los Ejércitos—.”
Porque el Señor tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará por ti con cantos.
¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti!
Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Porque toda casa tiene su constructor, pero el constructor de todo es Dios.
Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».
Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?
Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que se refugian en él.
¡Qué grande eres, Señor omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios.
Dios nos bendecirá y le temerán todos los confines de la tierra.
Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan.
Y una voz del cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».
El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
También esto viene del Señor Todopoderoso, admirable por su consejo y magnífico por su sabiduría.
Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.
Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!
Nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él!
Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.
No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
Como ciervo jadeante que busca las corrientes de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.
Dios construye su excelso palacio en el cielo y pone su cimiento en la tierra, llama a las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra: su nombre es el Señor.
Luego dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo».
Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.
Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer todo cuanto quiere.
Él revela lo profundo y lo escondido, y sabe lo que se oculta en las sombras. ¡En él habita la luz!
«¿Podrá el hombre hallar un escondite donde yo no pueda encontrarlo?», afirma el Señor. «¿Acaso no soy yo el que llena los cielos y la tierra?», afirma el Señor.
Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!»
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad.
Quiero alegrarme y regocijarme en ti y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.
El Todopoderoso no está a nuestro alcance; excelso es su poder. Grandes son su justicia y rectitud; ¡a nadie oprime!
¿Quién es Dios, si no el Señor? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?
Reconozcan y consideren seriamente hoy que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.
Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”.
Nosotros amamos porque él nos amó primero.
Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como una vigilia de la noche.
¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.