Versículos de la Biblia por tema / Dios
Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan.
Dios nos bendecirá y le temerán todos los confines de la tierra.
Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.
¿Quién realizó esto? ¿Quién lo hizo posible? ¿Quién llamó a las generaciones desde el principio? Yo, el Señor, estoy con los primeros y estaré con los últimos.
¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Luego dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo».
Nosotros amamos porque él nos amó primero.
Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.
Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.
Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?
Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
En verdad, quien me encuentra halla la vida y recibe el favor del Señor.
Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios.
El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.
Dios construye su excelso palacio en el cielo y pone su cimiento en la tierra, llama a las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra: su nombre es el Señor.
Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer todo cuanto quiere.
¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu.
Pero si desde allí buscan al Señor su Dios con todo su corazón y con toda su alma, lo encontrarán.
Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!
¡Qué grande eres, Señor omnipotente! Nosotros mismos hemos aprendido que no hay nadie como tú, y que aparte de ti no hay Dios.
Recurran al Señor y a su fuerza; busquen siempre su rostro.
Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.
Nadie ha visto jamás a Dios, pero, si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece entre nosotros, y entre nosotros su amor se ha manifestado plenamente.
Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.
Los ojos del Señor están sobre los que le temen; de los que esperan en su gran amor.
No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él.
El Todopoderoso no está a nuestro alcance; excelso es su poder. Grandes son su justicia y rectitud; ¡a nadie oprime!
El que obedece sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. ¿Cómo sabemos que él permanece en nosotros? Por el Espíritu que nos dio.
Reconozcan y consideren seriamente hoy que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; no hay otro.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
Pero tú, Señor, reinas por siempre; tu trono permanece eternamente.
Así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, el Creador de todas las cosas.
Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo.
Esta es la palabra del Señor para Zorobabel: “No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor de los Ejércitos—.”
Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta.
Él revela lo profundo y lo escondido, y sabe lo que se oculta en las sombras. ¡En él habita la luz!
Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
¿Pues quién es Dios, si no el Señor? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?
Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que se refugian en él.
Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; mi refugio está en Dios.