Versículos de la Biblia / Antiguo Testamento / Salmos
En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.
No me niegues, Señor, tu misericordia; que siempre me protejan tu amor y tu verdad.
Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu Ley la llevo dentro de mí.
Como ciervo jadeante que busca las corrientes de agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.
¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!
Tengo sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?
Un abismo llama a otro abismo en el rugir de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas se han precipitado sobre mí.
Esta es la oración al Dios de mi vida: que de día el Señor mande su amor, y de noche su canto me acompañe.
Porque no fue su espada la que conquistó la tierra, ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestra segura ayuda en momentos de angustia.
Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones! ¡Seré enaltecido en la tierra!
Porque tú, Señor, bendices al justo; cual escudo lo rodeas con tu buena voluntad.
Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos y quedo a la espera de tu respuesta.
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu misericordia, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu firme dentro de mí.
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.
Pero Dios es mi socorro; el Señor es quien me sostiene.
Entrégale tus afanes al Señor y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre.
Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza.
Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no siento miedo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?
Pues tu amor es tan grande que llega a los cielos; ¡tu verdad llega hasta el firmamento!
Pero tú, oh Dios, estás sobre los cielos, ¡tu gloria cubre toda la tierra!
Pero yo cantaré a tu poder y por la mañana alabaré tu amor; porque tú eres mi protector, mi refugio en momentos de angustia.
Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación.
Que tú, Señor, eres todo amor; que tú pagarás a cada uno según lo que merezcan sus obras.
Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!
Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza.
Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer.
Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; mi refugio está en Dios.
Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, sedienta y sin agua.
Tu gran amor es mejor que la vida; por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva y alzando mis manos te invocaré.
Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata.
Clamé a él con mi boca; lo alabé con mi lengua.
Dios nos bendecirá y le temerán todos los confines de la tierra.
Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas.
Canten a Dios, canten salmos a su nombre; aclamen a quien cabalga por las estepas, y regocíjense en su presencia. ¡Su nombre es el Señor! Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.
Dios da un hogar a los desamparados y dicha a los cautivos que libera; pero los rebeldes habitarán en el desierto.
Gritarán de júbilo mis labios cuando yo te cante salmos, pues me has salvado la vida.
Mi boca rebosa de alabanzas a tu nombre, y todo el día proclama tu grandeza.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna.
Oh Dios y Salvador nuestro, por la gloria de tu nombre, ayúdanos; por la gloria de tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados.
Me pregunto: «¿Qué es el hombre para que en él pienses? ¿Qué es el hijo del hombre para que lo tomes en cuenta?».
¡Restáuranos, Señor Dios de los Ejércitos! Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.
Defiendan la causa del débil y del huérfano; háganles justicia al pobre y al oprimido.
Vale más pasar un día en tus atrios que mil fuera de ellos; prefiero cuidar la entrada de la casa de mi Dios que habitar entre los malvados.
Instrúyeme, Señor, en tu camino para conducirme con fidelidad. Dame integridad de corazón para temer tu nombre.
Tú, Señor, eres bueno y perdonador; tu gran amor se derrama sobre todos los que te invocan.
Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.
En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan.