Versículos de la Biblia / Antiguo Testamento / Salmos
Bueno y justo es el Señor; por eso les muestra a los pecadores el camino. Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino.
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida; ¿quién me asustará?
Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes.
Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!
Aun cuando un ejército me asedie, no temerá mi corazón; aun cuando una guerra estalle contra mí, yo mantendré la confianza.
Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo.
El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.
El Señor fortalece a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz.
Pero tú, Señor, eres el escudo que me protege; tú eres mi gloria; tú mantienes en alto mi cabeza.
Tuya es, Señor, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo!
Porque solo un instante dura su enojo, pero toda una vida su bondad. Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría.
En ti, Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen. Por tu justicia, líbrame.
Mi vida entera está en tus manos; líbrame de mis enemigos y perseguidores.
Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; por tu gran amor, sálvame.
¡Cuán grande es tu bondad! La reservas para los que te temen, y a la vista de la gente la derramas sobre los que en ti se refugian.
Cobren ánimo y ármense de valor, todos los que en el Señor esperan.
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza, dirígeme por amor a tu nombre.
Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día.
Pero te confesé mi pecado y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor». Y tú perdonaste la culpa de mi pecado.
Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación.
El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti.»
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió por su heredad.
Los ojos del Señor están sobre los que le temen; de los que esperan en su gran amor.
Que tu gran amor, Señor, nos acompañe, tal como lo esperamos de ti.
La palabra del Señor es justa; fieles son todas sus obras.
El Señor ama la justicia y el derecho; llena está la tierra de su gran amor.
Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.
Bendeciré al Señor en todo tiempo; lo alabarán siempre mis labios.
Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta.
Que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga.
Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones.
Pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria.
Los justos claman, el Señor los oye y los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.
Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas.
El Señor libra a sus siervos; no serán condenados los que en él confían.
Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores.
Este pobre clamó, el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias.
Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que se refugian en él.
Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados; porque el brazo de los impíos será quebrado, pero el Señor sostendrá a los justos.
Los malvados piden prestado y no pagan, pero los justos dan con generosidad.
El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir.
Porque el Señor ama al justo y no abandona a quienes le son fieles. El Señor los protegerá para siempre, pero la descendencia de los malvados será exterminada.
Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel.
Deléitate en el Señor y él te concederá los deseos de tu corazón.
Encomienda al Señor tu camino; confía en él y él actuará. Hará que tu justicia resplandezca como el alba; tu justa causa, como el sol de mediodía.
Guarda silencio ante el Señor y espera en él con paciencia; no te enojes ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados.
Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis suspiros.
Señor, escucha mi oración, atiende a mi clamor; no te desentiendas de mi llanto. Ante ti soy un extranjero, alguien que está de paso, como todos mis antepasados.