Versículos de la Biblia por tema / Dependencia
Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes.
Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.
Desde mi angustia clamé al Señor y él respondió dándome libertad.
Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas.
Pero ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido.
Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer todo cuanto quiere.
No bien decía: «Mis pies resbalan», cuando ya tu gran amor, Señor, venía en mi ayuda.
El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor.
De este modo, por la voluntad de Dios, llegaré a ustedes con alegría y podré descansar entre ustedes por algún tiempo.
Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”.
Tuya es, Señor, la salvación; ¡envía tu bendición sobre tu pueblo!
Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna.
Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.
A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano.
Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer.
Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás.
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
En ti, Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen. Por tu justicia, líbrame.
Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.
Porque no fue su espada la que conquistó la tierra, ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas.
Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.
Protégeme, oh Dios, porque en ti busco refugio.
Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas.
Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben.
Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil.
Les di de comer, y quedaron saciados, y una vez satisfechos, se volvieron arrogantes y se olvidaron de mí.
Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.
Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca. (Selah)
¡Restáuranos, Señor Dios de los Ejércitos! Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce.
Pero tú, Señor, eres el escudo que me protege; tú eres mi gloria; tú mantienes en alto mi cabeza.
El corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor.
Pero Dios es mi socorro; el Señor es quien me sostiene.
Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios, y que nadie sabe con qué habrá de encontrarse después.
Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.
A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre.
Pero, mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él.
A ti, Señor, elevo mi clamor desde lo más profundo de mi ser. Escucha, Señor, mi voz. Estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza y se dejó caer al suelo en actitud de adoración. Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!».
La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.
No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida.
El Señor da la riqueza y la pobreza; humilla, pero también enaltece.