Versículos de la Biblia por tema / Sabiduría
«Porque mis pensamientos no son los de ustedes ni sus caminos son los míos», afirma el Señor.
Quiero que lo sepan para que cobren ánimo, permanezcan unidos por amor, y tengan toda la riqueza que proviene de la convicción y del entendimiento. Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo.
¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es insondable.
El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
El que adquiere cordura a sí mismo se ama, y el que retiene el discernimiento prospera.
A ti, Dios de mis antepasados, te alabo y te doy gracias. Me has dado sabiduría y poder; me has dado a conocer lo que te pedimos. ¡Nos has dado a conocer el sueño del rey!
El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos. ¡Su alabanza permanece para siempre!
Muchos serán purificados y perfeccionados, y quedarán limpios, pero los malvados seguirán en su maldad. Ninguno de ellos entenderá nada, pero los sabios lo entenderán todo.
Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.
No va bien con los necios el lenguaje refinado, ni con los gobernantes, la mentira.
Francamente, mientras más sabiduría, más problemas; mientras más se sabe, más se sufre.
Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.
Con el orgullo viene el oprobio; con la humildad, la sabiduría.
El necio muestra en seguida su enojo, pero el prudente pasa por alto el insulto.
La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento.
Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.
El orgullo solo genera contiendas, pero la sabiduría está con quienes oyen consejos.
También esto viene del Señor Todopoderoso, admirable por su consejo y magnífico por su sabiduría.
Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.
Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia.
El que es sabio entiende estas cosas; el que es inteligente las comprende. Ciertamente son rectos los caminos del Señor: en ellos caminan los justos, mientras que allí tropiezan los rebeldes.
Los labios del necio son causa de contienda; su boca incita a la riña.
La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo.
Nunca preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor. No es de sabios hacer tales preguntas.
Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión.
El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener discernimiento.
El temor del Señor imparte sabiduría; la humildad precede a la honra.
Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría.
El padre del justo experimenta gran regocijo; quien tiene un hijo sabio se solaza en él.
Así de dulce sea la sabiduría a tu alma; si das con ella, tendrás buen futuro; tendrás una esperanza que no será destruida.
El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre.
Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no olvides mis palabras ni te apartes de ellas.
Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.
El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.
En verdad, quien me encuentra halla la vida y recibe el favor del Señor.
Más vale adquirir sabiduría que oro; más vale adquirir inteligencia que plata.
Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios.
El necio desdeña la corrección de su padre; el que la acepta demuestra prudencia.
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina.
¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!
¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.
Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.
El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.
Hijo mío, si tu corazón es sabio, también mi corazón se regocijará.
Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones.
El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado.
Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según las normas de esta época, hágase ignorante para así llegar a ser sabio.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.
En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.